Desde mis letras

Mírame a los ojos

Ana Centellas

Mírame a los ojos y dime qué ves. ¿Ves acaso el brillo que en ellos resplandecía años atrás, cuando nos conocimos? ¿Acaso ves amor en ellos cuando te miro? ¿Realmente no ves la tristeza que les invade? ¿No ves su color apagado, sin vida? ¿No eres capaz de atisbar mis ojeras, que cada día son mayores? ¿Tampoco ves los surcos que recorren mi demacrado rostro tras tantas lágrimas vertidas?

Pues déjame decirte que estás ciego si no ves esas señales. Y como esas, tantas otras que llevo repartidas por mi cuerpo como estigmas que me recuerdan a cada momento el sufrimiento que llevo a mis espaldas.

¿Acaso piensas que es amor lo que sientes por mí? Sé sincero contigo mismo, por favor. ¿En verdad crees que una persona que ama a otra es capaz de infligirle tanto sufrimiento? No, ya te digo yo que no, que ese famoso refrán que dice que quien bien te quiere te hará llorar, no es cierto. Quien bien te quiere te hará reír, te hará soñar, te hará feliz.

Hoy voy a ser fuerte y te voy a confesar una cosa. Estoy cansada. Agotada. Cansada de tus estúpidos celos, cuando no he tenido nunca ojos para nadie más que no fueses tú. Cansada de tus gritos, de tus humillaciones, de tus menosprecios. Siento vergüenza ante el resto de la gente cuando lo haces en público. Pero no creas que siento vergüenza por mí, sino por ti. Porque tú solito estás dejando ver al mundo la clase de persona que eres. Igualmente estoy cansada de que la gente mire hacia otro lado cuando esto ocurre. Bien claro me ha quedado ya que ese no es su problema.

Estoy cansada de tus castigos cuando llegamos a casa, de tus golpes y tus palizas. Porque siempre lo merezco, según tú, yo me lo he ganado. Déjame decirte que hoy soy plenamente consciente de que no es así. El único culpable de todo esto eres tú, con tu mente perturbada. Y mientras, los vecinos hacen oídos sordos, como siempre, ante la evidencia que tienen delante cada día.

No soy yo, eres tú, el que fuerza con violencia mi cuerpo cada noche. No tengo palabras para expresar el asco que siento en esos momentos. Momentos que no hace tanto estaban cargados de ternura y sentimientos. ¿Cómo es posible que hayas cambiado tanto? Ya no te reconozco, no eres la persona que amé.

Hoy veo mi cuerpo y no me reconozco a mí tampoco, golpeada, demacrada, deprimida y humillada. Y tampoco sé cómo he podido estar tan ciega durante tanto tiempo, ocultando las evidencias, luchando por el amor que aún sentía por ti.

Pero hoy ese amor se ha terminado. Tú mismo le has puesto fin, acéptalo. Y mírame a los ojos, porque esta va a ser la última vez que lo hagas. Ya no te tengo miedo, ¿me oyes? No te tengo miedo y a partir de ahora vas a respetarme, porque volverás a valorar lo que tuviste y que ya no puede ser.

Hoy te digo adiós con la frente bien alta, una sonrisa en los labios y las maletas hechas. Porque NUNCA MÁS, ¿me escuchas?, NUNCA MÁS volverás a humillarme.

Ahí te quedas, y cuando notes mi falta, entonces, solo entonces comprenderás de verdad lo que es llorar. Comprenderás de verdad que me infravaloraste. Y que a mí, ya nada ni nadie me puede hacer daño, porque he perdido todo el temor. Hoy soy fuerte. Que te vaya bonito. Mi vida comienza hoy.

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